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Mejorando la Comunicación en la Familia.

Junio 24, 2008

La comunicación juega un papel vital en todos los campos en los que nos desarrollemos.

Los seres humanos necesitamos  desarrollar la capacidad  de comunicarnos pues de esta depende nuestra adaptación a los distintos espacios en los que debemos desenvolvernos. Nos es necesario expresar nuestros estados de ánimo, aprender a comunicar lo que necesitamos

Las bases para una comunicación efectiva y sana dentro del vínculo familiar se debe de trabajar. Muchas veces  encontramos en las familias temas que están vedados, mitos, rituales, secretos familiares….

En la  familia, una mala comunicación puede dificultar las relaciones entre los padres y los hijos. Es común escuchar adolescentes que afirman que sus padres no les entienden o a padres decir que  sus hijos no les hacen caso. En ocasiones pareciera que dentro de una misma familia todos hablan lenguajes diferentes.

Cuando la comunicación tiene como objetivo el entendimiento mutuo, la vida  social tiene mejores pronósticos.

Ahora bien, la presencia de  conflictos en la familia  no quiere decir que los padres e hijos no quieran comunicarse, más bien  se trata de que en muchas ocasiones no saben cómo comunicarse.

Veamos algunos principios prácticos que le permitirán practicar una comunicación efectiva:

Toda  comunicación tiene dos elementos esenciales: un emisor  y un receptor; en otras palabras; alguien que habla y alguien que escucha.  Entre ellos va a existir un mensaje ( lo que se dice o se quiere comunicar).

A la hora de  comunicarse  debe  haber una disposición de ambas partes para comunicar y para escuchar el mensaje. Sin embargo, es en los primeros intentos en donde podemos fallar: como padres y madres, en ocasiones no hemos dejado a los hijos/as terminar de hablar,  cuando se precipitan como una tormenta, lluvias de reclamos y regaños; no faltara el ligamen con alguna travesura cometida  días o meses atrás.

Hablemos ahora del lenguaje. Existen dos tipos de lenguaje; el verbal y el no verbal. El primero tiene  que ver con el contenido (lo que se quiere comunicar), en el  segundo  se dejan ver todos los acompañamientos del primero: gestos de enojo, asombro, ira, tristeza, preocupación; sudoración, señales de ansiedad… Por ejemplo;  cuando se le refiere a los hijos que no miren de determinada forma a los padres/madres cuando les están regañando; o cuando a pesar de que le pregunte en repetidas ocasiones a su pareja si esta enojado/a y esta responde que no; algo en la mirada o en el gesto le hace ver que en realidad  se esta  cocinando un volcán dentro de el/ella.

A partir de las ideas anteriores podríamos entonces pensar que  la buena comunicación entre padres- madres/hijos-hijas, se basa en el intercambio de mensajes que tengan como objetivo la expresión mútua. No se trata que solamente una de las partes  se haga sentir o exprese sus criterios; sino que ambas partes puedan exponer sus puntos,  simple y sencillamente para expresarlos y no dejarlos adentro.

En ocasiones los problemas llegan cuando los mensajes que  comunicamos son ambiguos. Por ejemplo, una niña de casi cuatro años aprende ir al baño sola. Cuando termina de orinar le grita desde el baño a la mamá: - Yaaaaaaaa… ; la madre  le contesta desde otro lugar de la casa: - jale la cadena y baje la tapa. Tras unos segundos la niña  le dice de nuevo a la mamá: - yaaaaaaaaaa… Sin embargo, la mamá no logra escuchar el ruido que hace el servicio sanitario cuando  se jala la cadena por lo que le repite la indicación…. Después de un rato de repetir la misma comunicación,  la madre se dirige a percatarse porque la niña ignora su indicación y tras de todo le dice que ya lo hizo cuando de plano la experiencia y su oído agudo no la pueden engañar. Llega al baño y se encuentra a la niña jalándose la cadena (gargantilla) que tiene en su cuello. ¿Estaba jalando la cadena? Sí. Sólo que la cadena equivocada. Este ejemplo nos muestra  que un mensaje ambiguo (con dos o más significados) puede ser mal entendido, por lo que se imposibilita cerrar el círculo de comunicación mutua.

Comparto con ustedes una lista  de características que debe  tener una buena comunicación:

1-    En una buena comunicación; tanto el emisor como el receptor expresan su mensaje. Cuando hay  respeto y aceptación mutua entre padres-madres/ hijos-hijas, aumentan las posibilidades de desarrollar una buena comunicación. Nada pierde escuchando. Aún  y cuando la solicitud  que le hace su hijo/a va a tener una negativa como respuesta; escúchele sin tratar de convencerle de que usted tiene la razón; después de todo, usted la tiene …. ¿O no? Evite dar mensajes no verbales de fastidio, enojo….

2-    En la buena comunicación el receptor esta atento al mensaje. Deje a un lado lo que esta haciendo, controle su reacción inicial; o sea, no responda con espanto o con regaños de buenas a primeras. Cuide la reacción emocional ante el mensaje; pues de no ser así la respuesta  que demos podría bloquear la comunicación. Nos debe interesar que es lo que se trata de comunicar. Escuche de principio a fin. Cuando no este seguro de haber captado el contenido, devuelva el mensaje en forma de pregunta. Evite entrar en  sermones o emitir juicios de valor precipitados. Por ejemplo, unos  padres me cuentan avergonzados  su forma de reaccionar cuando su niña de  escasos siete años empieza a hacerles preguntas  relacionadas con sexo. La niña simple y sencillamente cambiando canales había visto una escena corta de una pareja que tiene algún tipo de contacto sexual (besos y caricias). Ante la primera pregunta de la niña, los padres se precipitan y le dan una cátedra de sexualidad. Al final de ésta, la niña les dice que si ahora  le pueden contestar su pregunta: ¿los besos pueden embarazar?  Bastaba con devolverle la misma pregunta: ¿crees que los besos pueden embarazar? La respuesta de la niña sería un sencillo no.

3-    Cuando escuchemos, expresemos por medio de gestos adecuados, interés. Establezca y mantenga contacto visual con ellos/as. Oriente su cuerpo en dirección a ellos/as, adopte una postura reposada.

4-    Busque una comunicación congruente entre el mensaje verbal y el no-verbal. Esto quiere decir que trate de reforzar lo que dice con sus gestos y su mirada. Por ejemplo: Un hijo  le pide  a su papá  que le ponga atención. El papá viendo un trabajo en su computadora  le contesta: - si, hijo, te estoy poniendo atención.

5-    Sea claro y conciso. Bien lo dice el viejo refrán: “Al buen entendedor, pocas palabras” Trate de ordenar sus pensamientos. Si la emoción le gana; postergue. No es malo que le pida a su hijo/a un  tiempo mientras medita y organiza sus ideas. Sobre todo evite precipitarse, pues esto si puede llegar a afectar la confianza y la relación con su hijo/a.

Por último, recuerde que una buena relación depende de dos. Invierta en la suya.

Estaré desarrollando más de este tema en una segunda entrega.

Hasta entonces!

Licda. Tatiana Carrillo  Gamboa
Psicóloga y psicopedagoga.

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